Anoche estuvimos en el último partido del equipo Piratas de Bogotá en la Liga Profesional de Baloncesto. A las 8:00 P.M. inició el partido y finalizó con un desenlace triste para Piratas a las 10:00 de la noche. Aquí te cuento qué paso.

Equipos Piratas y Toros en línea para el protocolo de inicio del partido de baloncesto
Equipos Piratas y Toros en la cancha, dando inicio al protocolo del partido de baloncesto en Bogotá

Las cinco sillas

El Coliseo Cubierto El salitre queda al occidente de Bogotá. Nuestra ruta para llegar al lugar fue el H131 que pasa por la parada del barrio La Serena y nos deja en la esquina del Coliseo. El recorrido comenzó a las 6:45 P.M. y llegamos a las 7:00 de la noche.

Según los datos que maneja Wikipedia, “El Coliseo fue inaugurado en 1973 y actualmente cuenta con capacidad para 5.000 espectadores”. Es la casa del equipo de baloncesto de Bogotá: Piratas, y llegamos con la idea de verlos jugar desde las sillas VIP.

El pago por ver el partido desde las gradas es de $15.000 incluyendo servicio (aun no entiendo este cobro, pero no lo voy a discutir en este texto) El pago VIP, es decir, frente de la cancha es de $40.000. Y es justo como se ve en la siguiente fotografía.

Cuando llegamos, la mayoría de las sillas blancas estaban ocupadas. Yo me imaginé que alguien de logística nos ubicaría en alguna silla, pero no fue así, cuando le pregunte a una joven que tenía un abrigo con el logo de logística, me dijo que nos ubicáramos en las sillas desocupadas.

Aquí comenzó mi malestar, porque tuve que preguntar a varias personas si la silla estaba reservada y todos dijeron que sí. A ese punto, ya habían salido los jugadores a calentar y nos estábamos perdiendo de lo que decía el animador, por estar resolviendo este tema.

Volví a donde estaba la joven y le conté lo que había sucedido, me respondió que ya buscaría sillas para nosotros. Nos quedamos esperando unos minutos, hasta que me dijo que podíamos sentarnos en las sillas verdes que estaban desocupadas, le dije: “hay cinco sillas y somos seis” me respondió amablemente que iba a buscar la que hacía falta.

Luego se me acerca otra joven y me dice que le muestre mi manilla de VIP. Me pide que me levante de la silla porque ese lugar no me corresponde, que tengo que buscar sillas blancas. Me exalto y le explico que nos asignaron ese lugar, porque ya no había sillas blancas y me respondió que no podía estar ahí.

Entré en un estado de furia. Unos segundos después, la misma joven que se fue a buscar la otra silla, regresó sin ella, pero me pidió disculpas y me dijo que su compañera se había equivocado, que podíamos sentarnos de nuevo en las sillas verdes.

Seguíamos sin la sexta silla y así finalizó el partido. Al principio nos turnamos las sillas, pero al final, uno de nosotros terminó viendo el partido sentado en el piso del Coliseo.

cinco personas viendo el partido de baloncesto en el Coliseo Salitre
Cinco sillas asignadas para ver el partido VIP de Piratas y Toros

El partido

Comenzó ganando. Los ánimos estaban bien. En el Coliseo se escuchaba el coro “Piratas, Piratas, Piratas” o “Defensa, defensa, defensa” Había tambores, pitos y las voces motivando a su equipo. Tenían camisetas, busos y gorras con el logo de Piratas Bogotá. Algunos movían largas bombas de color blanco y negro.

Se veía niñas y niños felices coreando los cantos para su equipo. Mujeres y hombres saltando y gritando de emoción cuando comenzó el balón a anotar en la canasta. Se escuchaba animar desde un micrófono y todos le seguían las instrucciones con ánimo. Hubo pocos silencios.

Pero en el cuarto tiempo todos los ánimos se alteraron. Ya nadie estaba sentado (solo una niña que agotada de tanto cantar y saltar, se quedó dormida en los brazos de su mamá).

Iba ganando por unos pocos puntos Toros y cuando pensábamos que empatarían y quedaba un minuto y cinco segundos para finalizar el partido, Soler salta y su pie izquierdo cae muy mal. El partido se detuvo y todo el Coliseo quedó en silencio, esperando una camilla que llegó mucho tiempo después.

El equipo se desconcentró y en menos de cincuenta segundos, les tomaron una ventaja de ocho puntos. Aunque intentaron llegar al empate, el partido finalizó con el marcador: 91-86 y una lesión de Soler, dejó muy triste al equipo y su hinchada. Soler cruzó la cancha llorando y los asistentes aplaudían, había hecho un buen partido.

El personal que hace parte de la logística del Coliseo, no está preparado para guiar a las personas que llegan por primera vez o que no lo visitan frecuentemente. No tienen buena comunicación y eso es muy molesto.

Los paramédicos o quienes están a cargo de garantizar una atención óptima para los jugadores, no estaban atentos a lo que le sucedió al jugador, porque se demoraron en llegar a auxiliar a Soler y esperaron a que finalizara el partido para sacar de la cancha al jugador y llevarlo a una clínica.

Lo mejor de visitar el Coliseo el Salitre para ver a Piratas jugar, fue ir con mi familia, porque amamos el baloncesto y fue un plan que motivó Jonathan Hevia (Coach de baloncesto en Charleston Carolina del Norte-EE. UU.), pareja de mi hermanita menor, perfecto para despedirnos de ellos, por su corta visita en el país.

***Gracias Anny y Jonathan por regalarnos este espacio con ustedes, aunque el final no fue lo que esperábamos. ¡Nos estamos leyendo!

También te puede gustar:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *