Mi hermana Nury ama los animales. Yo creí que estudiaría veterinaria o algo que tuviera que ver con ellos, pero con los años descubrí que los perros y  los gatos eran sus preferidos. Escondía perros en la casa para cuidarlos, y pensaba, con inocencia, que mis padres jamás se enterarían que estaban en nuestra habitación. Siempre los sacaba mi mamá de la casa. Hasta que apareció Motas, un perro pequeñito, muy negro y gordito. Estuvo con nosotras poco tiempo, no recuerdo por qué murió, pero si, que lo enterramos frente a un árbol y lo visitábamos de vez en cuando. No recuerdo cómo llegó Muñeca a nuestra casa, era una Poodle blanca, parecía loca, cada vez que abrían la puerta de la casa, salía corriendo y ladrando, como diciendo libérenme de esa familia, pero siempre regresaba al regazo de mi papá.

Yo he sido apática a las mascotas, las ignoraba, nunca me hice cargo ni de Motas, ni de Muñeca. A la consentida de la casa, le cogí fastidio cuando quedé embarazada. No me aguantaba sus ladridos y pues ella también me ignoraba, nunca hubo química entre nosotras. Un día salió corriendo y un carro huyo, acabando con su vida. Todos la lloraron (menos yo) y mi familia decidió no tener mascotas.

Samito

Sammy, llegó por mi hermana menor, Anamaría. Jeison y ella decidieron hacerse responsables de la vida de un gatito. Al principio creíamos que era una gata, y por eso la llamábamos Amy, pero cuando la vio la veterinaria, tuvieron que cambiarle el nombre. Este gato se convirtió en parte de la familia, y yo me derretía cuando lo veía. Sus patas blancas, su mirada verde, su pelo negro y blanco, la elegancia como caminaba y se paseaba con su esponjosa cola por mis pies, me obligaba a agacharme y consentirle la cara y el cuello, le gustaba mucho. A veces, me sentaba en el sofá y ahí llegaba, se acostaba en mi regazo y esperaba a que lo acariciara, me llenaba de paz y de buena energía. Incluso, mi compañero de vida, que era alérgico a los gatos, terminó acariciando este tierno peludo.

Cuando Anamaría se fue del país, no pudo llevarse a Sammy, así, que estuvo a cargo de mis papás. Quienes compartían rutina con su única compañía día y noche. Era siempre igual en la mañana, en la tarde y en la noche y cuando variaba, era una novedad en nuestras conversaciones. Este gatito se ganó el cariño de todos los que visitaban a mis papás.

Mis hijos me rogaron que tuviéramos un perro. Siempre me negué. Sabía que Jaime y yo, terminaríamos cuidándolo, así como sucedió con mis papás y Sammy. Pero me convencieron, y llevamos cinco años con Max, un Pastor Alemán, caprichoso, que no le gusta jugar con otros perros, ladra fuerte frente a la puerta cuando siente que se acercan y llora cuando regresamos a la casa y pide que le acariciemos la panza.

Nury, por su parte, tiene dos gatos. Su compañía y también su responsabilidad. Aunque todos nos quejemos de los pelos que nos dejan en la ropa y en toda la casa, su cariño, compañía y amor incondicional borra las rabietas que nos hacen pasar a veces. Así, nos convertimos un una familia que ama sus mascotas y que las hace parte de la familia, se conversa de las cosas que nos sorprenden y de lo bien que nos hacen sentir.

Hace unos días, un amigo publicó un video hermoso sobre su mascota, era una despedida. Lloré al verlo, me conmovieron las imágenes, pero sobre todo el mensaje. Despedir a alguien que te ha hecho bien, que solo esta en esta tierra para amarte y serte fiel, duele mucho. Pero como dice él en su mensaje “Nos llegó el día en el que tanto me advertían en las películas sobre peludos. Esas que me hacían ir a abrazarte y besarte con intensidad, pidiéndote que fueras eterna…”(Aquí lo pueden leer completo. Felipe Bustos). No pensé que yo también tuviera que hacerlo para desahogar el dolor que deja una pérdida.

No entendía el amor que tenía Nury por los animalitos, hasta que compartí con Sammy y Max. Los dos hicieron que mirara a otros gatos y perros con más empatía. Que me fijara en ellos cuando se me acercaran. Que me llenara de su buena energía y sus lindas intenciones. Thomitas y Sebastián, me enseñaron el cariño tan grande que se le puede tener a un perro y un gato y cómo pueden ser parte de la familia. En mi celular, tengo fotos y videos de toda mi familia, por supuesto, están Sammy y Max allí.

Sammy se fue el ocho de julio. Pude despedirme por video llamada, agradecerle por toda su ternura, por su cariño incondicional, después de diez años de llenar nuestra ropa y el sofá de pelos, solo me quedaba verlo y darle un último adiós. Coincido con los que dicen que las mascotas deberían ser eternas, que nos acompañaran hasta el fin de los días, pero la verdad, es que ellos también deben descansar y deben partir porque su misión aquí en la tierra ya fue cumplida. No estamos preparados para despedir a un ser que te ha dado tanto amor, es muy difícil decir adiós y ya no tenerlo en nuestra rutina, ya no ver sus juguetes y no verlo en la puerta cuando llegas, no recibir sus caricias, resignarte, solo queda eso.

Son muchas las historias que compartimos con nuestras mascotas, pero se resumen en la demostración de un amor incondicional.

Adiós Sammy y gracias 🐱

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