Villa Borghese es el resumen de lo que tiene Roma. En Villa Borghese verás jardines, lagos, esculturas, música, un mirador, pájaros, café, comida, zoológico, además, de poder alquilar bicicletas y carros de golf, y por supuesto, un museo. Hoy te cuento por qué lo mejor de Roma es este lugar.

Roma
Si tengo que resumir a Roma, diría que es un gran museo, porque es un espacio donde el tiempo se organiza, donde la historia nos habla, donde cada sala propone una lectura del mundo. Roma hace exactamente eso, pero sin vitrinas ni horarios de cierre, la ciudad entera funciona como una curaduría a cielo abierto.
Si el Museo del Louvre en París reúne obras maestras que sintetizan civilizaciones, Roma distribuye sus piezas por calles y plazas. El Coliseo no está detrás de un cristal, se alza con la contundencia de un objeto expuesto en escala monumental. Su elipse de piedra travertina, erosionada por siglos de intemperie, funciona como una escultura habitable. Como la Mona Lisa concentra miradas en una sala del Louvre, el Coliseo concentra la memoria del espectáculo, del poder y de la arquitectura como propaganda política.
Si el Museo Británico en Londres narra la historia de múltiples culturas bajo una sola cúpula, Roma despliega ese relato en continuidad urbana. El Foro Romano es una sala sin techo donde las columnas truncadas, los arcos y las basílicas en ruinas permiten leer la transición de la República al Imperio como si se tratara de una línea de tiempo tridimensional. Caminar por la Vía Sacra equivale a recorrer una galería cronológica en la que cada fragmento arquitectónico es una ficha de catálogo que nos lleva a un episodio político, religioso o social.
En Nueva York, el Museo Metropolitano de Arte organiza el mundo por departamentos: arte egipcio, pintura europea, arte medieval. Roma, en cambio, superpone estilos en el mismo encuadre visual. Desde la escalinata de la Plaza de España puede observarse cómo el barroco dialoga con fachadas neoclásicas y cómo la vida contemporánea, entre cafés, conversaciones y turistas, activa ese decorado histórico. Es una museografía sin cartelas, el visitante debe interpretar, comparar, establecer relaciones formales entre cúpulas.
El Museo del Prado en Madrid es célebre por la intensidad dramática de sus maestros. Roma posee su equivalente en piedra y agua en la Fontana di Trevi. Allí, el mármol se comporta como pintura barroca: pliegues agitados, gestos teatrales, un claroscuro producido por el movimiento del agua. La fuente no se contempla en silencio reverencial, se experimenta entre el golpeteo de las monedas lanzadas, las conversaciones, incluso la música. Es una sala barroca expandida a escala urbana.
Incluso los museos que celebran la modernidad encuentran eco en Roma. El Museo Guggenheim Bilbao en Bilbao se integra al paisaje urbano como un ícono arquitectónico contemporáneo. Roma, sin embargo, logra algo complejo, integrar veinte siglos de arquitectura sin borrar sus huellas. Desde la cúpula de Basílica de San Pedro en Ciudad del Vaticano hasta las calles adoquinadas del Trastevere, la ciudad exhibe su colección permanente sin necesidad de reinventarse como objeto aislado.

Villa Borghese
Y ese recorrido por la Ciudad Museo lo hace todo el que visita, por gusto o por obligaciones académicas o laborales (académicas, en nuestro caso) este lugar. Pero yo me quedo con Villa Borghese, porque es el resumen de Roma. Abarca unas 80 hectáreas, entre sus colinas, lagos artificiales, templos y esculturas.
Es el corazón verde de Roma y es que en el mapa, literalmente se ve en forma de corazón. Los senderos arbolados que se abren como avenidas internas recuerdan que Roma es piedra imperial, pero también pausa, sombra y contemplación.
En el centro del parque, la Galleria Borghese concentra obras maestras de la escultura y la pintura barroca. Desde el mirador del Pincio, la vista se abre hacia la cúpula de Basílica de San Pedro y los tejados ocres que se ven hasta el horizonte, como si el parque ofreciera una maqueta a escala real de Roma.
Es, en efecto, el resumen sensible de la ciudad, donde se respira con tranquilidad y se contempla cada esquina caminada. La música se escucha en diferentes lugares, desde un violín, hasta un grupo de rock juvenil. Los fines de semana familias la recorren comiendo un gelato o llenando sus botellitas con agua fresca que salen de las fuentes o compartiendo un café en la Casa del Lago.
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Según la página de National Geographic: “La Villa Borghese, tal como la conocemos hoy, comenzó a tomar forma a principios del siglo XVII, cuando el cardenal Scipione Borghese, sobrino del Papa Paulo V, decidió transformar los terrenos familiares en un inmenso jardín que sería la sede de su colección de arte. Para el cardenal, amante del arte y de artistas como Bernini y Caravaggio, la creación de esta villa no solo fue un refugio de descanso, sino también un espacio para exhibir su riqueza y su refinado gusto“
En Wikipedia cuentan que: “En el siglo XIX gran parte de la parcela fue transformada en un jardín paisajístico estilo inglés por el arquitecto Luigi Canina. En 1902, acuciada por problemas económicos, la familia Borghese segregó el edificio principal, sede de la Galería Borghese, y lo vendió con su contenido al Estado italiano. Los jardines fueron adquiridos al año siguiente por el Ayuntamiento de Roma y abiertos al público el 12 de julio de 1903.”
Villa Borghese tiene nueve entradas, pero las más frecuentadas son: Porta Pinciana, la de Plaza de España, la de la rampe del Pincio desde la Piazza del Popolo, y la entrada monumental del Piazzale Flaminio.
Si visitas Roma, te sugiero entrar a esta pequeña Roma (por lo menos una parte) Amé el ambiente que se vive allí y estoy segura que lo disfrutaras.
¡Nos estamos leyendo!

