“Yo siento que mi labor es crear, incluso darle posibilidades de redención al responsable, al victimario que no entiende por qué dispara cuando dispara” Esta frase de César López la escuché en Tercera Vuelta el podcast del Locutorio, conducido por Alejandro Gaviria y Ricardo Silva Romero, gran amigo de César. Aquí te cuento por qué hoy escribo sobre él.

¿Quién es César López?
Un hombre tranquilo, que habla pausado como su caminar. Creería que es nostálgico, solo porque cuando lo escucho tocar el piano me conmueve. Sin duda es creativo, no solo por sus composiciones, sino por las puestas en escena que ha realizado durante sus treinta años de carrera artística.
Nació en 1973 un 14 de junio en la fría Bogotá. Es papá de Agustín y Victoria Elena, por una promesa a su hermana Alba Elena antes de morir en el 2022. Su familia musical lo conecto con instrumentos como la guitarra acústica y el piano.
Solitario conectó con la música desde muy joven. Lo escuché por primera vez en Poligamia, tocando la batería. Cuando la banda se separó, supe de él por el proyecto de la escopetarra y desde ese entonces he seguido su carrera. Sin duda en el activismo me conecté con él.
Más que un gran músico
“Con el paso de los años he sentido que el verdadero sentido de la música es lo que estamos haciendo, ese pulso que une a la gente y a las comunidades” leo en la web de La Comisión de la Verdad y es que César no solo lideró el proyecto de la escopetarra, que trataba de transformar las armas en instrumentos musicales, también creo El 20-0, fue un acto en la Plaza de Bolívar donde cantó como homenaje a los muertos por el conflicto armado.
RE, fue una recolección de instrumentos musicales donados por personas, las recuperaron y las reubicaron en lugares donde habían víctimas del conflicto armado. Invisibles invencibles, fue la motivación para músicos urbanos de cantar y dignificar su trabajo. Almas parlantes, “Grupo que tuvimos en algún momento con personas que hablan desde el alma o el lenguaje del alma. Este fue el principio del proyecto que después se llamó Toda Bala es perdida” explica César en un artículo publicado en la página Bogotá.
El Centro de pensamiento de arte para la paz, es un lugar en donde la gente se pregunta ¿Cómo el arte puede servir? y Canciones para después de una guerra, este disco se hizo público el 6 de junio de 2016.
Desde hace algunos años, César decidió mutar su activismo, ahora prefiere hacerlo solo y en conexión con lo natural.
Empezó con subir el piano a 3500 metros al páramo de Chingaza y darle un concierto en un momento en el que se acabó el agua, dándole un recital a los frailejones, “A mí se me ha ido juntando el arte, la naturaleza, digamos, una potencia de reflexión espiritual que siempre ha estado unido a los demás, pero que me ha ido alejando de ese activista de pancarta de marcha, que por supuesto, lo respeto y lo encuentro necesario, pero decido irme a los extremos donde uno pueda levantar la mano y decir, miren que aquí está pasando esto y que además podemos hacer esto sin ser ni de un partido ni de un movimiento coyuntural.” lo escucho decir en el podcast Tercera Vuelta.
Libertad Sublime
César cuenta en Tercera Vuelta que escuchó una conferencia de unas alpinistas y le llamó la atención que dijeron, que la gente cree que llegar a la meta es llegar a la cima, pero para ellas, aun falta todo el camino de regreso en el descenso y la meta es llegar con vida a casa, ¡Cuánta verdad!
Y es que de eso se trata su último trabajo musical, Libertad Sublime, para él, es llegar al fondo y salir a flote. Por eso se grabó en el Teatro Colón, en donde César buscaba: “la reivindicación del hombre enfrentándose a la máquina sin ningún tipo de mediación tecnológica. ¿Qué tanto puedo yo interpretar estas 7800 notas durante 4 minutos y medio, sin parar a corregir?” lo escucho asegurar en el podcast.
Luego, piensa poner un piano en uno de los patios de la cárcel La Picota y a las cinco de la mañana, despertar a los presos con su melodía. Aquí demuestra César, que la música se hace en solitario, pero se presenta a los otros para que tome otro sentido.
César no es un músico comercial y no le interesa llenar estadios o ganar millones con su música, su interés es que escuchemos lo que tiene que decir sobre la violencia y el dolor que esta causa. Él se recorre los territorios para escuchar a las víctimas y no se queda con eso, genera proyectos en donde la música, su arte, es un refugio para ellos. Y para los demás, es dejar memoria, es contar de otra manera la historia de nuestro país.
Ojalá se den la oportunidad de escucharlo; es talentoso e inspirador, la prueba está en que aquí me tiene, escribiendo sobre él.
¡Nos estamos leyendo!
