No me explico por qué pasan estas cosas. Por qué un padre dedica sus últimos años de vida a esperar una respuesta, justicia; y no solo es ignorado por los caminantes de paso en la Plaza de Bolívar de Bogotá, sino que es ignorado por los presidentes de turno. Aquí escribo mi sentir en la reseña de: El Libro del Duelo de Ricardo Silva Romero. El mejor libro que me he leído este año.

Duelo. Dolor. Tristeza. Rabia

No somos nadie. Cuando estamos frente a una celebridad, no somos nadie. Somos las palabras organizadas que vemos en una hoja de un libro, sin detenernos a leerlas. Somos colores mezclados sin cara, sin manos, sin detalles. No nos ven y cuando los encaramos, después, no nos recuerdan. No nos ven, porque, quienes los cuidan, se encargan de que no podamos acercarnos. Eso somos la multitud cuando estamos frente a un artista, a un político, a un trabajador público y al Presidente de turno. 

Nos vendieron la idea de que son inalcanzables, que podemos estar, pero no tan cerca, pero no podemos hablarles, no podemos preguntarles, no podemos exigirles. ¿Quiénes pueden entonces?, los medios, puede ser, pero no siempre nos representan, no siempre preguntan lo que queremos preguntar; los amigos, claro, ellos sin duda, ¿los de su estatus social?, claro, ellos tienen clase, tienen muchas cosas en común, tienen lugares en común, espacios destinados para ellos, no son el “pueblo”.

La escena de don Raúl pidiendo que se hiciera una investigación sobre la muerte de su hijo en dos ocasiones a Uribe y en una a Santos, me hicieron pensar en las líneas que acabo de escribir. Don Raúl no merecía sentarse y hablar con los presidentes de turno en una cafetería cerca a la Plaza de Bolívar, no merecía que lo hicieran seguir a una de las tantas salas que tiene la Casa Presidencial, no merecía ni siquiera que los presidentes de turno, se acercaran a su furgoneta en la esquina de la Plaza de Bolívar a escucharlo, a comprender su situación. Tampoco se podría pensar que pudieran invitarlo a uno de los restaurantes que frecuentan o al comedor de sus casas. No, porque don Raúl no era amigo de ellos, no era de la élite, no era político, ni mucho menos un militar condecorado, no, don Raúl era solo, el padre de un joven del ejército que murió en extrañas circunstancias, don Raúl, como muchos colombianos, no somos nadie para ellos.

Algunos dirán, pffff eso es imposible. Los políticos tienen una agenda muy apretada para esperar hablar con los del pueblo. Aquí, por quienes votamos, se vuelven inalcanzables en comparación a los días de campaña. Ahí si se acercan a escuchar, aceptan abrazos, comentarios, besos, incluso fotografías con bebés en brazos y abuelos, como don Raúl, prestos para una foto. Pero cuando realmente se necesita de su ayuda, de hacer justicia, de revisar qué fue lo que pasó en uno de los lugares en los que ellos tienen voz y voto: El ejército. Ahí, si, están ocupados, eso no les compete, con ellos no es eso, “diríjase a la instancia pertinente y siga el conducto regular”. 

Duele, pero no es un dolor fácil de explicar. Esta acompañado de lágrimas, falta de respiración, ganas de gritar, de golpear, de lanzar cosas al vacío. No tener una respuesta, ver cómo llegan amenazas, o que personas que quieren hacer su trabajo son obligadas a ignorar lo que pasa por no ser despedidas o desaparecidas. Y aunque no me este pasando a mi, aunque no le haya pasado a alguien de mi familia o amigos, o amigas, aunque no tuve la oportunidad de conocer a don Raúl, siento ese dolor propio, no es ajeno.

Y luego esa rabia y ese dolor se convierte en tristeza. Que es también, resignación. No podemos hacer más, no sabemos qué más hacer. El tiempo nos da la razón, la historia y la memoria es lo único que nos queda, aunque no es suficiente. Y entonces llega el duelo, que es la mezcla de tristeza y esperanza, de “todo va a estar bien”, de “se hará justicia, tarde o temprano”.

Este libro es Colombia. Este libro soy yo y todas las personas que queremos hacer algo y que estamos con don Raúl. 

Aquí esta mi voz📚

#Daletuvoz

 

 

 

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