Es una fábula, un cuento largo, una novela corta, o las tres al tiempo. Para Wikipedia es una fábula que habla “sobre cómo el régimen soviético de Iósif Stalin corrompe el socialismo llevándolo hacia un tipo de autoritarismo”. Aquí les cuento la impresión que me dejó esta lectura.

¿De qué trata?
Puede tener muchas lecturas y todas son respetables. A medida que leía no podía dejar de pensar en el negacionismo, un término que me es ahora familiar, por lo que sucede actualmente en el país y en el mundo.
“De acuerdo al autor, Rebelión en la granja hace referencia a los hechos sucedidos luego de la Revolución Comunista (1917) y a la era estalinista en la Unión Soviética. A través de los animales, conocemos más sobre la vida en una comunidad igualitaria”, se lee en la página Cultura General aunque yo considero que el núcleo del libro no es solo el abuso del poder, sino el modo en que la verdad es erosionada, manipulada y finalmente negada hasta convertirse en una herramienta de dominación.
Desde el inicio, la granja se funda sobre un ideal claro: la igualdad entre los animales. Los Siete Mandamientos funcionan como una verdad originaria, simple y compartida. No hay ambigüedad: todos los animales son iguales, nadie debe parecerse al humano opresor, sin embargo, a medida que los cerdos consolidan su poder, estos principios no se refutan abiertamente; se reescriben.
El cambio es sutil, casi imperceptible, pero constante. La mentira aparece como su progresiva deformación. Este mecanismo es central para comprender el negacionismo. No se trata únicamente de negar hechos evidentes, sino de sembrar duda, relativizar, reencuadrar el pasado hasta que la verdad pierda su estabilidad.
En la granja, los animales recuerdan vagamente que “algo no era así”, pero carecen de pruebas, lenguaje o memoria colectiva para sostenerlo. El poder no necesita convencerlos de una nueva verdad; le basta con debilitar la antigua y convencer con discursos motivacionales, que eso no paso y que lo que pasa ahora es lo verdadero. ¿Te parece conocido? a mí sí, y me preocupa que esta historia sucedió en el año 1917 y se publicó en 1945 y se siente tan actual.
Orwell muestra con precisión cómo la manipulación del lenguaje es clave en este proceso. Chillón, el cerdo portavoz, confunde, usa cifras, palabras grandilocuentes, amenazas veladas y un tono paternalista para desactivar cualquier cuestionamiento. De forma similar, el negacionismo moderno suele apoyarse en un exceso de información, en tecnicismos mal empleados o en falsos debates que colocan al hecho comprobado al mismo nivel que la opinión infundada.
Otro punto de contacto fundamental es la reescritura del pasado, porque en esta historia, las hazañas, traiciones y decisiones históricas se reconfiguran según la conveniencia del poder, Bola de Nieve pasa de héroe a villano sin que medie evidencia, solo repetición.
El negacionismo opera de manera análoga cuando revisa hechos históricos —dictaduras, genocidios, violaciones de derechos humanos— para vaciarlos de responsabilidad moral.
Lo más perturbador de la novela no es la crueldad de los cerdos, sino la resignación de los demás animales. El problema no es solo que el poder mienta, sino que la comunidad pierda la capacidad de reconocer la mentira como tal. Cuando los mandamientos terminan reducidos a una sola frase —“todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”— la contradicción ya no genera indignación, se vuelve costumbre.
En ese sentido, Rebelión en la granja no advierte únicamente sobre los tiranos, sino sobre las condiciones que los hacen posibles: el cansancio, la desmemoria, la delegación del pensamiento crítico, la imposibilidad de leer. El negacionismo prospera en ese mismo terreno. No necesita imponer una versión única de la realidad; le basta con fragmentarla hasta que nadie esté seguro de nada.
El astrofísico Santiago Vargas, del Observatorio Astronómico Nacional de la UNAL, dice en una entrevista con respecto al negacionismo que “este movimiento cree que hay confabulaciones, teorías conspirativas y al final permiten que crezcan y se reproduzcan las noticias falsas, y eso hace que se piense que los científicos estamos engañando a la gente”.
Leer hoy a Orwell es reconocer que la lucha por la verdad no es abstracta ni neutral, es una disputa política, ética y humana. Mientras exista la tentación de negar lo incómodo, de reescribir lo doloroso o de maquillar la injusticia con discursos técnicos, la granja seguirá repitiéndose, con otros nombres y otros rostros, pero con la misma lógica.
¡Nos estamos leyendo!
