¿Te has puesto a pensar la razón por la que no conectas con algunas historias? tal vez sea, porque ya descubriste qué es lo que te interesa leer y qué no. Y si no eres lectora o lector constante, seguro tienes clara la razón. Bueno, aquí te cuento cuáles son mis no negociables cuando me enfrento a una historia.

Libros clásicos pendientes de leer: Orgullo y prejuicio, Rayuela, Don Quijote de la Mancha, La Señora Dalloway, En las Montañas de la locura
Portadas clásicos

Me atrevo a decir —basada en lo que me cuentan las personas que han pasado por mi aula e incluso quienes hacen parte de mi círculo familiar— que leer puede dar mucho sueño. Una cosa es leer cuando estás muy cansada, cuando tu día ha sido agotador; otra, muy distinta, es que siempre que tengas un libro en tus manos termines durmiéndote.

Creo que parte de ese efecto “somnífero” ocurre porque no logras interesarte en lo que estás leyendo. Cuando el “chisme” es bueno, no puedes soltar el libro hasta que algo se resuelva, hasta que te sorprendas con lo que sucede.

Sí, puedes engañarte: decirte que el tema te gusta, que tú elegiste el libro, que te lo recomendó alguien en cuyo criterio confías, o que te lo regaló el amor de tu vida o una persona muy especial. Pero lo cierto es que, simplemente, ese no es tu tipo de historia.

También puede pasar que no logres conectar con la historia por la manera en que está contada. La forma en la que está escrita puede no ser la que va contigo.

Los clásicos

Hace muchos años leí algunos clásicos y, definitivamente, no logré conectar con esas historias: su lenguaje rimbombante, los personajes acartonados y, en ocasiones, la narración confusa. En ese momento, alguien —un romántico— me dijo que tal vez no era el momento de leerlos. Según él, “cada historia tiene su día; el libro te escoge”. Creo que esas fueron sus palabras exactas.

Pensé que tal vez tenía razón y que esos clásicos no debía leerlos en mi época de universidad, ni tampoco durante la maestría. Así que, basada en esas palabras, dejé los libros en un estante, esperando a que llegara su momento.

Este año tomé la decisión de no comprar (tantos) libros y, más bien, revisar aquellos que tenía en espera desde hacía varios años. Sí, había llegado el momento de leer los clásicos. Con un poco de susto, y creyendo que era la misma de hace más de diez años, comencé con La señora Dalloway, de Virginia Woolf, y continué con H. P. Lovecraft y su historia En las montañas de la locura.

No me fue mal. Definitivamente, no era la misma de hace diez años: tengo muchas más lecturas en la cabeza, y creo que eso me ayudó a comprender mejor estos textos (claro, hasta ahora arranco; aún me falta un montón que están en la lista de espera). Entonces le di la razón al romántico.

Entendí las historias, conecté con los personajes, comprendí el lenguaje de la escritora y el escritor, teniendo en cuenta la época en la que fueron construidos los textos. Y no me dormí (bueno, me pasó un poquito con En las montañas de la locura, pero no fue tan terrible). Sin embargo, no me dieron lo suficiente como para recomendarlos en este espacio.

Me frustré un poco, porque si leo un libro es porque lo he escogido y anhelo que me guste para poder recomendarlo. Mi idea es que este espacio motive a leer, pero no siempre es así. Por eso hice un listado de lo que considero mis “no negociables” para conectar con un libro.

Los no negociables

Las palabras exageradas, poco usadas y reiterativas. Puedo alimentar mi vocabulario gracias a la lectura —porque me obliga a buscar el significado de palabras nuevas—, pero cuando se trata de frases enteras o párrafos completos cargados de términos poco conocidos, me confunde y me aburre.

Hay lugares que son difíciles de imaginar si no existe una buena descripción, pero demasiada descripción también hace que pierda el interés. Se vuelve reiterativa, y eso realmente me aburre mucho.

La repetición. Encontrar en varios párrafos la explicación de una misma idea, como si se insistiera en que comprendamos una decisión del personaje, resulta muy fastidioso. Es común verlo también en el desenlace, como si no hubiéramos seguido paso a paso lo que sucede.

Sé que no todas las historias están hechas para gustarle a todo el mundo (por eso existe la búsqueda constante de lo que sí nos gusta). Es posible que yo no haya conectado con estos dos clásicos y que a otras lectoras o lectores les ocurra lo contrario, que los amen.

Lo importante aquí es que sigas leyendo, que continúes en la búsqueda de lo que te puede gustar para no desistir de la lectura.

(Ahora sé que los clásicos pueden gustarme. Ya empecé uno nuevo y va bien. Ya te contaré)

¡Nos estamos leyendo!

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