Todo está conectado. Y la razón por la que estuve disfrutando del concierto Libertad Sublime de César López el 2 de mayo de este extraño año, no fue porque sí, creo que todo tiene una razón, una consecuencia y aquí te la cuento cronológicamente.

César López se cruzó
Hace algunos meses había escrito un texto sobre César, la razón por la que llegó a mi vida y se ha quedado (Aquí lo puedes leer) y los últimos párrafos los dediqué a la obra que construyó César que en ese momento aun no salía al público.
En redes sociales César dijo que solo 60 personas estarían presentes en el lanzamiento de Libertad Sublime y por supuesto le escribí. Así que la cita fue en La sala prisma, la casa de César, el lugar donde nació este álbum y parte de su historia musical.
Queda en el Park Way. Una casa de tres pisos que te recibe como si fuera tu hogar. Pasas el garaje y entras a un pasadizo, ves unas escaleras, pero un joven amable y dulce me pregunta mi nombre, mira atento a una lista y lo tacha con un resaltador verde, me dice “sigue derecho, bienvenida”.
Paso junto a una puerta, y luego entro a un patio, que parece otra dimensión. Busco un lugar para poder ver de cerca a César. Hay poca gente. Son las 6: 45 p.m. Poco a poco comienza a llegar gente, parejas, familias.
Hay una escalera y veo niños y niñas bajar y subir. Me doy cuenta que hay mesas y sillas en el segundo y tercer piso. Las risas y las conversaciones de las niñas y los niños se adueñan del espacio, rodeado de árboles, bombillos alineados y del ambiente artístico que se respira en ese lugar.
Llega César y me da la mano. Me agradece por estar ahí y yo no dije nada, solo sonreí. Entra por ese telón rojo que nos oculta el escenario, el mismo que casi no quiere abrir cuando decidió comenzar el concierto.

El concierto
Comenzó con una conversación. Allí narró rápidamente lo que había contando en el podcast Primera Vuelta, hace un par de meses. Que esta idea es un ejercicio de apnea, el sentido de ir al fondo y pensar que vamos a salir a flote, algún día.
“Está construido desde la inmersión, hasta el fondo y finalmente el momento sublime de salir”, dice César como susurrándonos, porque así es él, sutil con las palabras y muy acorde a su tono de voz. Nos cuenta además, que tenemos derecho a sentir y debemos seguirlo defendiendo. Por eso estoy ahí.
Dice finalmente que esta vestido con un overol azul oscuro, porque se vistió para su oficio. Comienza a tocar el piano, no sin antes quitarse sus tenis y dejar ver sus medias rojas y explicarnos que debajo del piano hay botellas de agua para que las tomemos al final, cuando estén llenas de la melodía del piano.
La primera melodía fue Peregrinos, construida en el Páramo de Chingaza, luego no nos dijo el nombre, pero estoy segura que escuché: Invencibles y Libertad sublime. Finalizó diciendo que un concierto de piano era muy aburrido, así que la última canción fue Carta al futuro.
Reímos y pedimos otra melodía, así que cogió el micrófono y comenzó a cantar y entre sus palabras dijo Elena, haciendo un homenaje a su hermana. Aplaudimos y pasamos una por una a recoger nuestra botella de agua cargada de la energía del piano y a darle un abrazo a César, ese ser tan maravilloso que se cruzó en mi vida con su música y activismo.
¡Nos estamos leyendo!
