Siento el aire diferente. Mi cuerpo se adapta al ambiente del que hace parte. Sí, me gusta esa sensación que me genera estar rodeada de árboles, plantas, flores, porque la tierra esta presente en este ambiente y solo puedo disfrutar. (Aquí te cuento cómo fue mi visita en el Parque Chingaza)

El Parque Nacional Natural Chingaza
Mi vista desde la ventana del bus es la cordillera oriental de los Andes. Después de que atravesamos al noreste de Bogotá. Solo veo una pequeña parte de la inmensidad que rodea este territorio.
La página de Parques Nacionales. nos cuenta que este territorio hace parte de 11 municipios, 7 de Cundinamarca (Fómeque, Choachí, La Calera, Guasca, Junín, Gachalá y Medina) y 4 municipios del Meta (San Juanito, El Calvario, Restrepo y Cumaral) Es un espacio amplio que se han dedicado a cuidar.
El frío golpea mi cara. Estaba preparada, tengo una camiseta, un buso térmico, un abrigo, dos pantalones, botas y medias especiales para caminatas por sendero, guantes y gafas, una maleta con lo básico para pasar una noche en el parque y ropa de cambio.
Llegamos a una casita con techo azul. Vemos tres videos donde nos motivan a cuidar y respetar el lugar que caminaríamos. Guiados por Parques Nacionales y El Acueducto. Firmamos una planilla con nuestros datos, tomamos un tinto aguado. Comenzaba mi experiencia en un ecosistema donde predomina los bosques: alto andinos, subandinos y los páramos, refugio de fauna y flora.
La preparación
Después de seguir el paso a paso para reservar la salida a Chingaza con Guianatours mi hermana y yo comenzamos a prepararnos para esta caminata. Ella subía todos los días la montaña donde trabaja y yo continuaba con mis caminatas en los senderos de la ciudad.
Cuando se llegó el día, después de varios meses de preparación, creímos que teníamos todo listo, sin embargo, siempre está esa sensación de no tener la situación bajo control, porque era un lugar al que visitaríamos por primera vez.
Seguimos las instrucciones al pie de la letra, solo nos faltó llevar los zapatos indicados. Ella llevaba tenis y yo mis botas de montaña, pero necesitábamos botas de caucho, el terreno era difícil, mucho barro y caminata por un humedal.
La experiencia en Chingaza
La carretera me cuenta que estoy muy lejos. El polvo vuela mientras don Arnulfo, el conductor, avanza con lentitud, con mucho cuidado, pero seguro, porque se nota que no es la primera vez que hace ese recorrido. Mi hermana y yo nos sentamos en la segunda fila, detrás había treinta y dos personas más.
Por un lado esta la montaña con sus colores. Luego veo las nubes y la luz del sol filtrándose por ellas. Un paisaje que relaja hasta al más asustado. Cruzamos por la ciudad abandonada de Cementos Samper. Luz Ángela, la guía, nos cuenta la historia con una familiaridad que nos hace estar atentas a su narración.
Llegamos al campamento en Monterredondo. Veo el espacio de los camping muy modernos. Entramos al hostal y nos encontramos con una atención cálida, la comida casera deliciosa y el lugar limpio y listo para recibirnos. Nuestra habitación era “Los periquitos” tres camarotes que compartimos con dos parejas.
Veo los ojos claros de Leidy, la guía del parque y siento en su voz una calidez, nos muestra emocionada las imágenes del oso que acababa de ver. Estoy en el mirador, contemplando el río que pasaba en medio de las imponentes montañas, el frío es soportable y no me quiero mover de este lugar tranquilo y seguro.
Camino despacio. Después de almorzar, solo tengo ganas de contemplar el sendero Suasie que nos hace recorrer Leidy. Es un lugar limpio y lleno de orquídeas pequeñitas, a las que ella no deja de tomarles fotografías. El ambiente es fresco. Vemos árboles que han sido el refugio de la mamá oso durante años, donde los ositos, aprenden a buscar su alimento.
Se está oscureciendo. Cenamos temprano para poder hacer la actividad que tenían preparada para todo el grupo. Las fotografías se tomarían en un cielo estrellado, pero por ahora, solo vemos nubes grises adornando el cielo. Intentamos comunicarnos con la familia, pero la red en este lugar es casi nula.
Todo esta oscuro y no vemos en el hostal al grupo, nos dejamos llevar por sus voces y los encontramos en un mirador muy cerca a los camping. Nos toman fotografías con el cielo nublado, pero al parecer Jonathan y Andrés, los fotógrafos guías, lograron unos buenos efectos, en los próximos días enviar las fotografías. De las 34 personas que hacen parte de esta experiencia, solo unos pocos lograron las fotos con el cielo lleno de estrellas.
Llego a la habitación, me pongo la pijama y espero que llegue el sueño. No llevé libro, así que mi rutina de la noche se altera. No duermo bien, me duele la cabeza y siento mucho frío, a pesar de que usé todos los recursos para no sentirlo.

Segundo día
El agua esta fría, así que no pienso demorar mucho en la ducha, además porque hay fila en el baño, todas debemos estar listas a las ocho de la mañana porque comienza nuestra caminata hasta llegar a la laguna de Chingaza.
El sendero es difícil. Debí alquilar las botas de caucho como lo hizo mi hermana ayer. Pensé que no las necesitaría, admito que fui terca. Ahora piso con mucho cuidado, para que mi pie no quede enterrado en el barro. Voy despacio por las orillas, las plantas me protegen, pero mi equilibrio no es tan bueno.
Todo el grupo va adelante, yo no tengo afán, solo quiero evitar que me caiga en el barro. Contemplo árboles gigantes y el paso es estrecho, vamos uno detrás del otro. Luz Ángela me tiene paciencia, la guía cuida que no me caiga o me enrede con las ramas de los árboles.
Llegamos a un lugar plano, donde se puede contemplar parte de la laguna. Debo subir una montaña, pero para disfrutar de ese mirador, es necesario pasar por un humedal. Sí, agua camuflada en plantas. Imposible, no puedo continuar, me arriesgo a que mis botas se queden enterradas y me moje los pies.
Espero al grupo y lo veo subir despacio hasta el mirador. Mi hermana decide quedarse conmigo, así que esperamos que bajen con Jonathan, quien nos muestra un árbol en donde se ha subido recientemente un oso y logramos ver pelitos de su cuerpo. Vemos un águila volar sobre nosotras y muchos frailejones.
Tomamos el mismo camino de regreso. Siento que camino más rápido y con seguridad, aunque sigo siendo la última de la fila. Nos subimos al bus. Nos llevan a varios lugares del parque para tomarnos fotografías.
Finalmente tomamos carretera y en este momento estamos en un trancón en la Calera. Nuestro destino es la sede de Parques Naturales en la 74. Agradezco mi cama, mi hogar, pero extraño ver las montañas mientras me tomo un café colombiano.
Ojalá pueda repetir esta experiencia. Ojalá, te animes a hacerla -ojalá el Fracking no sea una realidad-.
¡Nos estamos leyendo!
