Hoy estas líneas estarán dedicadas al periodismo y será desde lo romántico, desde la utopía, desde el sueño ideal, como me lo presentaron en las clases de la Universidad.

Desde siempre los medios de comunicación han estado presentes en mi vida. Cuando era adolescente, intentaba
ignorarlos, no sentía que me aportaran nada a mi vida, ya era lo suficientemente caótica como para dedicarle una hora a ver un noticiero que me relataba en breves segundos un puñado de noticias que, a duras penas, podía
asimilar. Luego llegó la época en donde debía definir mi carrera y por supuesto el periodismo no estaba en mis opciones, pero la comunicación social si, y cómo hacerle entender a un público que son dos maneras distintas de trabajar, esa era mi misión. Me vinculé al grupo de comunicación del colegio liderado por una monja, que ahora se me pasa su nombre, y no hacíamos absolutamente nada, las reuniones eran una pérdida de tiempo y aunque analizábamos la mejor manera de aportar desde la comunicación a nuestro colegio, nunca vi acción allí, yo quería que construyéramos una emisora, como los grandes colegios del sector, quería que hiciéramos un programa de televisión, pero tampoco se dio, quería entonces, lo típico de los colegios, hacer un periódico y nada de nada, lo
cierto fue que me gradúe y nunca vi nada de eso prosperar.

Pero no se dejen engañar, mi interés no eran los medios, era lo que podía hacer con ellos, jamás pensé en ser locutora o presentadora, quería contar historias y estaba segura de que en los tres medios lo lograría. En el colegio había tantas historias porque salieran a la luz, que me sentía impotente al no poderlas contar. 

Para una clase, la psicóloga nos pidió que buscáramos en todas las universidades que hay en Bogotá la carrera
que queríamos estudiar. Ahora los colegios, incluso las mismas universidades buscan a los estudiantes para reclutarlos en sus instituciones, convenciéndolos con diferentes estrategias de mercadeo. Bueno, en mi época eso no pasaba, a nosotras nos tocó ir a cada universidad a pedir información. Todas las carreras que tenían Comunicación Social y Periodismo, se enfatizaban en algo, la mayoría en medios y como les dije, ese nunca fue mi interés. Llegué a la Universidad de la que soy egresada y me enamoré del programa, no del lugar. Puse en una balanza lo que me gustaba del programa y lo que no me gustaba de la universidad y llegué a la conclusión que sería más feliz estudiando lo que me gustaba del programa y no me equivoqué. 

En la carrera fui periodista en radio y prensa (medios que tenía la universidad para que nosotros pudiéramos
hacer nuestras primeras notas periodísticas), en televisión hice una nota periodística para una clase y me quedó horrible, aun me da vergüenza. Odiaba el periodismo, odiaba repetir lo que hacían los periodistas de los medios que todo el mundo veía. Odiaba esperar a que la fuente se dignara a recibirme para responderme una o dos preguntas, detestaba hacer lobby. Me esforzaba por salir de esa estructura, buscaba más de tres fuentes, intentaba hablar pausado, para darle otro matiz a mi trabajo, pero no, definitivamente no me sentía en mi lugar. 

Pero en mi vida apareció como un ángel, iluminando la manera en la que se podía hacer periodismo, este ser no
podía ser otra que Leila Guerreiro. Comencé a leer algunos textos, luego empecé con sus libros y finalmente, como una fanática enloquecida, seguí todo su trabajo. Eso era lo que yo quería hacer. Escribir historias profundas, con
todos los sentidos, que generaran interés a un grupo selecto, solo a los que querían conocer de fondo, con argumentos, a los que no les aburría leerse una historia de más de cien páginas, verídicas de principio a fin.

Claro, en la universidad me hablaron de Eco, García Márquez, y tantos otros que hicieron del periodismo algo interesante con las letras. Pero fue ella la que me llenó ese vacío que sentía con el periodismo. Y después de ella, llegaron nuevos personajes, porque es una red que no tiene fin, que se sigue construyendo. Entra a escena Martín
Caparrós, citado por ella, a Rodolfo Walsh, Tomás Eloy, y descubro a Alfredo Molano, Alberto Salcedo Ramos, al gran, Juan José Hoyos, pero es gracias a ella que comienzo a indagar más sobre este tipo de periodismo.

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En una clase, les puse a leer el libro: “Los Suicidas del fin del Mundo” de Leila, en ese momento el
libro no estaba en Colombia, una estudiante lo pidió por internet y tuvo que pagar casi $70.000, pero me dijo que valió la pena. Este libro se encuentra en digital y fue así como lo leyó la mayoría del curso. Lo que me gustó del
análisis que hicimos en el grupo, no fue solo la historia, completa, fuerte y bien contada, sino que muchos estudiantes estaban asombrados del trabajo periodístico que había realizado Leila, página por página marcaron las fuentes, los libros y consultas que tuvo que hacer para ofrecernos semejante historia, el trabajo de inmersión y la prosa tan maravillosa que tanto la destaca. No tuve que hablarles maravillas de ella, solo leyendo el libro, se dieron cuenta por qué si o si, tenemos que leerla. En la feria del libro 2022, vi que ya estaba en Colombia el libro y muchos otros de periodismo literario que no sé por qué razón no se encuentran tan fácil aquí en el país. 

Dejé de ver noticieros hace muchos años y la verdad es que no me han hecho falta. Tengo otros medios donde
me entero de lo que sucede en mi país y en el mundo. Pero, hace poco, obligada por el televisor encendido de un restaurante vi un noticiero y me dio pena, es increíble que después de tantos años, sigan siendo iguales, no innoven en su forma de contar la realidad del país. Siempre han sido criticados en el aula, lo sé porque en clase esa era mi manera de desahogo y ahora como docente, lo hago para que mis estudiantes no sigan repitiendo, no solo la estructura, sino eso que se escoge para contarle a la gente, ese interés particular y personal que no permite que quede en la memoria histórica los hechos como se presentaron, con todas las versiones y el análisis que un buen periodista puede hacer.

Afortunadamente con el tema de la pandemia, surgieron nuevos formatos y otra forma de hacer periodismo. Las
narrativas transmedia salieron a ejercer su poder y la dinámica que producen en el periodismo, es acertada. También sé que muchas universidades le están apostando al periodismo universitario, La Red de Periodismo Universitario lo
confirma, y esto motiva a que los estudiantes sientan la necesidad de innovar al contar buenas historias. Atrás quedó ese temor que teníamos sobre la memoria que le quedaría al país si solo nos quedamos con lo que publican los medios tradicionales, ahora, se pueden encontrar más versiones de los hechos. 

La academia sigue haciendo lo suyo, los egresados intentan ponerlo en práctica y los medios tradicionales se están quedando. Espero que más profesionales en el periodismo sientan que su trabajo es importante para la historia del país y que lo que cuentan, será parte de la construcción de memoria. 

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4 comentarios

  1. El "periodismo", al que tiene acceso la mayoría de la gente, no es periodismo, es la simple banalización de la información que, como tú lo dices, no puede generar memoria… Ese "periodismo" es casi, con exclusividad, publicidad política pagada; sobre todo en este momento, en que se acaba un gobierno que nunca gobernó, el de Uribe-Duque, que prostituyó no solamente la rutina política, sino a los medios informativos, "pagando" con puestos en ese mismo gobierno, con pauta publicitaria estatal o con preferencias en el suministro de la información… Menos mal todavía quedan verdaderos periodistas como: María Jimena Duzán, Daniel Coronel o Gonzalo Guillén, sólo por mencionar algunos y pocos…
    Gracias por tus comentarios, querida Diana.
    Fabio E. Medellín V.

  2. Me identifico contigo Diana en lo del periodismo en Colombia, también me da pena ajena y cuando por accidente los veo me da mucha rabia cómo utilizan en lenguaje para desinformar y favorecer a esa selecta élite que son los mimos dueños del medio. Coincido contigo con el tema de la escritura ya que también es mi pasión y tuve el honor de estar en tu clase y leer esa maravillosa obra de Leila. Actualmente me encuentro trabajando en un libro de memorias, es u autorretrato autoficcionado con estilo novela, la idea es esa construcción de memoria histórica.

    Un saludo y un abrazo
    John W. Afanador

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