Contar historias es un don. No es común, en este momento, que se escuchen historias, porque la narración oral, se ha ido transformando con el tiempo, esto no quiere decir que aun no se haga, por supuesto que existen dinámicas en donde se cuentan historias a grupos pequeños o grandes, en los colegios, en algunas reuniones familiares, en parques con los cuenteros, los conocidos stand up comedy, solo por dar unos pocos ejemplos, pero también las tecnologías han hecho su parte, como los podcast y algunos programas radiales, dedicados a la narración de historias. Todos ellos, en la actualidad hacen referencia a esa tradición que tenían los abuelos o los narradores de las tribus indígenas.

“Me llamo Eva, que quiere decir vida, según un libro que mi madre consultó para escoger mi nombre. Nací en el último cuarto de una casa sombría y crecí entre muebles antiguos, libros en latín y momias humanas, pero eso no logró hacerme melancólica, porque vine al mundo con un soplo de selva en la memoria.” (UNO. Inicio de Eva Luna)
 
Eva Luna comienza con la historia de su mamá, y a medida que avanza, nos damos cuenta de la evolución del personaje. Por supuesto no voy a contarles los detalles, pero sí me gustaría profundizar en la manera que evoluciona Eva Luna contando historias.
Ella las inventa, pero basa todo en lo que ha visto o escuchado. Desde muy pequeña, disfruta de contar esas historias y siempre tuvo personas que la escucharon, y que le pedían que les contara una más. Tiene la habilidad de mantener a su oyente a la expectativa de lo que puede pasar y ansioso por el final. Incluso, en algún momento, le pidieron que se inventara un pasado mejor, del que ellos habían vivido, así que con elementos básicos, comenzaba a narrar un pasado fantástico.
Lo que me gustó de este tema de la novela, escrita por la reconocida Isabel Allende en 1987, es que esas historias que Eva Luna tenía en la cabeza, se fueron llevando poco a poco al texto. Dejaron de ser orales, para convertirse en un libreto de televisión. Escribir se convirtió en su forma de vida, aunque le tomó tiempo decidirse. “Mimí me había rogado que dejara ese empleo de pacotilla y me dedicara sólo a escribir (…) Ése es un buen oficio, Eva, no tendrás que levantarte tan temprano y nadie andaría dándote ordenes… soñaba con verme dedicada a la literatura, pero yo necesitaba ganarme la vida y en ese sentido la escritura es un terreno bastante resbaladizo”. Esa sensación de hacer lo que te gusta, pero no ser económicamente viable, es lo que he escuchado por años en el mundo de los escritores, a pesar de esto, muchos han dejado su vida cotidiana para sacar esas historias que tienen en la cabeza y dejarlas en una narración escrita, con la ilusión de ser publicadas en algún momento y por supuesto, leídas por un gran público.
Otro punto interesante de Eva Luna, es cómo decide contar una verdad o la realidad que esta viviendo el país en ese momento, bajo el velo de la ficción. Antes que pasar la historia por los medios de información, decidieron que para que llegara a la gente y todos conocieran de primera mano lo que sucedió, esta debía ser contada a través de una telenovela, que seguían juiciosamente las personas del pueblo. Este recurso, es interesante, porque actualmente, vemos que muchas generaciones han conocido hechos históricos gracias a novelas basadas en hechos reales y aunque se sabe que tienen mucho de ficción, toman la historia como un hecho real. Esta manera de contar hechos que le sucedieron a personas reales, le aporta no solo a la historia de una generación, si no que también, es una forma de enterarnos de lo que sucedió, porque seguramente por los medios de información tradicionales, sería imposible conocer la verdad.

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