He visto algunos memes en redes sociales que puedo tolerar, otros, me mueven fibras que definitivamente no me permito aceptar. Hace unos días vi el estado en WhatsApp de una persona que aprecio, apoyando una imagen despectiva hacía Aida Quilcué. Esa imagen no me gustó.

Para ella y para todas las que piensan igual, aquí va este texto.

Aida Quilcué sonrié frente a la cámara, tiene un sombrero y un collar
Aida Quilcué. Foto tomada del perfil de facebook de Aida.

Títulos

Soy docente universitaria desde hace más de quince años. He trabajado en diferentes instituciones de educación superior y puedo decir, con propiedad, que he visto cómo muchas personas se esfuerzan por cumplir el sueño de obtener un título universitario.

Pero también he visto cómo a muchos docentes se les exige un título académico para poder ser contratados o continuar ejerciendo la docencia. Conocí profesores excelentes que durante años desarrollaron su labor de manera empírica y que lograron acumular una experiencia superior a la de muchos que solo contamos con un diploma que certifica nuestros estudios.

A ellos también se les exigió obtener un título para renovar sus contratos. Recuerdo que perdimos a varios docentes que no estaban dispuestos a invertir tiempo y dinero en aprender formalmente lo que ya habían aprendido durante décadas de experiencia profesional.

Otros, en cambio, recibieron un título Honoris Causa sin haber pasado nunca por un aula universitaria. Este reconocimiento se otorga a personas con trayectorias de vida excepcionales y aportes sobresalientes a la sociedad, las ciencias, las artes o la cultura. Sin embargo, se trata de una distinción reservada para una minoría.

Recuerdo que cuando estudiaba mi pregrado en UNIMINUTO y realizaba procesos de investigación en comunidades, una de las enseñanzas más valiosas que recibí fue comprender que las personas de esos territorios sabían mucho más que yo sobre su propia realidad. Ellas conocían sus necesidades, sus problemáticas y sus fortalezas. Mi papel consistía únicamente en aportar una pequeña parte de conocimiento desde mi formación académica.

El meme

Hace algunos días vi en una historia de WhatsApp una caricatura de la candidata a la vicepresidencia Aida Quilcué frente a un ábaco, como si estuviera contando. A su lado aparecía el candidato a la vicepresidencia José Manuel Restrepo hablando en un auditorio, acompañado de un tablero lleno de gráficas y estadísticas. La intención era comparar sus conocimientos y sugerir quién tendría mayores capacidades en un eventual debate vicepresidencial.

Esta supuesta broma venía acompañada de comentarios elitistas, clasistas y misóginos que he leído durante toda la campaña: “No hay punto de comparación entre ellos dos; él tiene estudios y experiencia, ella no”; “esa señora no me representa”; “qué pena esa vieja”; “esa vieja ni sabe leer”, entre otros que prefiero no escribir.

En 2020, Aida Quilcué escribió para 070 un texto titulado No más racismo con los pueblos ancestrales, en el que afirmaba:

“Estamos hablando, entonces, de un racismo histórico y estructural que, en otros términos, es el mal que cabalga al interior de Colombia. La tarea nuestra es seguir resistiendo, dignificando nuestra presencia y seguir haciéndonos respetar en el marco de la exigibilidad.”

Históricamente, los 115 pueblos indígenas de Colombia han sufrido exclusión estructural, despojo de tierras y múltiples formas de violencia. Aunque la Constitución Política de 1991 reconoce a Colombia como una nación pluriétnica y multicultural, estas comunidades continúan enfrentando brechas de desigualdad, discriminación y abandono estatal.

Por eso considero que la imagen que vi en WhatsApp reproduce los mismos prejuicios que durante décadas han marcado la historia del país. José Manuel Restrepo no es mejor que Aida Quilcué por tener más títulos académicos. Ambos son personas con trayectorias distintas, formadas en contextos diferentes y con experiencias de vida que les han permitido construir conocimientos valiosos. Ambos hacen parte de Colombia y buscan aportar, desde sus saberes, una visión de país.

¿Quién es Aida Quilcué?

Aida Quilcué es una mujer indígena Nasa del resguardo Pickwe Tha Fiw, en el Cauca. Tiene 53 años, es lideresa social, defensora de derechos humanos y una de las voces más reconocidas del movimiento indígena colombiano.

Fue gobernadora de su resguardo e integró la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), donde se desempeñó como consejera y delegada ante organismos nacionales e internacionales, entre ellos las Naciones Unidas y diferentes espacios de defensa de los derechos humanos.

También hizo parte del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), organización en la que fue consejera, coordinadora, representante legal y delegada. Participó en la inclusión del capítulo étnico dentro de las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC en La Habana, Cuba.

En 2021 recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos. Un año después fue elegida senadora por la circunscripción especial indígena con más de 45.000 votos a través del Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS). Junto con Martha Peralta, se convirtió en una de las primeras mujeres indígenas en llegar al Congreso de la República.

Por todo ello, considero que es una mujer que conoce el país y que ha dedicado gran parte de su vida a la defensa de los derechos humanos, la paz y la justicia social. A mí sí me representa.

No necesito que tenga títulos universitarios para reconocer el valor de sus conocimientos, su trayectoria, su experiencia y el trabajo que ha realizado durante décadas son evidencia de un aprendizaje construido en el territorio, al lado de las comunidades y frente a los desafíos reales del país.

Los títulos académicos son importantes y cumplen una función valiosa en la sociedad, sin embargo, no son la única forma de adquirir conocimiento, ni deberían convertirse en una herramienta para descalificar a quienes han dedicado su vida a aprender, liderar y transformar realidades desde otros escenarios.

¡Nos estamos leyendo!

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