Vivir. Levantarse en un espacio cuadrado, no importa si es madera, ojalá, pero si es de cemento o de piedra, o metal, también funciona. Una cama, con sábanas, cobija, almohada y cojín. Una mesa en donde dejar el libro y una vela. La chimenea, con suficiente madera para quemar. Estufa que se prende con carbón. Una olla para el café, otra para la sopa y una paila. Un vaso, un pocillo, un plato hondo y otro plano, un cuchillo, un tenedor y una cuchara. Un sillón con cojín al lado de la chimenea, una mesa pequeña con una silla y en el centro un florero con flores frescas. Un mueble con algunos libros. Vivir.

Afuera se ve las montañas, árboles, mucho verde y flores también. Una hamaca, una mesa y una silla cómoda. Una caneca grande para recolectar agua. A unos pasos de la casa, una huerta con tomates, lechuga, cilantro, papa, fresa, cebolla, yerbabuena. Árboles de naranja y manzanas. Cuatro gallinas y un perro. Cerca una quebrada o un río natural. Más árboles. Animales silvestres. Un rectángulo de madera donde se guardan: un hacha, una pala, una horca de doble mango, un rastrillo, un almocafre, unas tijeras de podar, una criba, una carretilla, una escoba, un recogedor, un trapeador y un balde.

Un abrigo, un suéter, una camisa, una camiseta, unos pantalones, un overol, unas botas de caucho, unas botas de montaña, dos pares de medias y ropa interior.

Eso es todo.

Para ir a una clínica o para enviar alguna carta o usar un computador, se debe caminar más o menos cinco o seis horas.

Este fue el estilo de vida que escogió Edee, una mujer que se desconecta del mundo, que ya no soporta a las personas y le es difícil continuar con la vida que llevaba. Limitar el uso de las cosas. Disfrutar de lo básico, no es fácil. Estamos rodeados de muchos objetos que nos permiten tener más comodidad: televisor, computador, lavadora, secadora, alexa, carro, bicicleta, audífonos, cámara de fotografía, celular, objetos que antes no teníamos y que ahora hacen parte de nuestro lugar habitable.

Dejarlo todo y enfrentar la vida solo con lo mínimo. No tener a la mano una tienda, un hospital, una vía que nos lleve al teatro, al cine, a un centro comercial. Abandonarlo todo y experimentar otra forma de ver el mundo. No necesitar de nadie. Vivir sola. Ese fue el reto que se planteó Edee, pero al no poder enfrentar un clima frío y no saber cómo solventar algunos problemas de supervivencia estuvo a punto de morir.

Si bien, la película Tierra de Netflix, deja, para mi, el mensaje de que se puede vivir alejado del mundo, cambiando las costumbres, no podemos desconocer que alejarnos de las personas para siempre, es imposible, porque gracias a los demás es que podemos aprender, incluso, nos podemos cuidar.

En el mundo existen muchas personas que tienen este estilo de vida, son llamadas personas ermitañas. Este concepto comenzó teniendo un tinte religioso, en el siglo III. Algunas personas decidían retirarse a meditar o a orar y vivían solo con lo básico. Después de varios siglos, desconectarse de todo lo que da el ruido de la ciudad o los pueblos y convivir solo con la naturaleza, fue el estilo de vida de unos pocos, descubiertos por el fotógrafo Carlo Bevilacqua, un italiano interesado en el tema, recorrió el mundo y publicó el libro “Into de silence. Eremiti delterzomillennio”  (Dentro del silencio. Ermitaños del tercer milenio) – En este artículo se profundiza sobre algunos personajes retratados.

Me gusta la idea de vivir con lo básico. De que la naturaleza haga parte de mi vida. Seguramente, si mi historia fuera la de Edee, yo elegiría igual🎬

Aquí  les dejo el trailer  (en este link) para que se animen a verla. Esta película la dirigió y la protagonizó Robin Wrigth. Su estreno fue en el 2021.

 

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