Conocí este lugar en la Feria del libro de Bogotá. Desde que lo recuerdo, se ubican en el rincón del pabellón de editoriales independientes. Era imposible acercarse, porque la curiosidad de la gente no permitía que viera todo lo que ofrecen. Aunque su cabina de teléfono londinense me llamaba mucho la atención. Viajé a Medellín este fin de semana y pude disfrutar de su espacio.

collares, relicarios, separadores de libros, cajas musicales y sellos sobre una mesa, al fondo el barrio laureles de Medellín
Cabina literaria en el barrio Laureles de Medellín. octubre 2026

Las librerías que hacen barrio

Hace varios años se volvió parte de los viajes, buscar una librería o biblioteca pública. Si has pasado por mi Instagram @dianasochacuenta seguro verás el recorrido que le hago a estos lugares que hacen parte del barrio, de la ciudad. Antes no lo hacía porque pensaba que no existían y creía que solo en las librerías tradicionales de los centros comerciales se podían conseguir libros.

Entre edificios de apartamentos, casas de vivienda, tiendas, panaderías y negocios de toda la vida, aparece siempre una librería. Quizá es local pequeño o un espacio que, visto desde afuera, no anuncia todo lo que sucede en su interior, pero basta cruzar la puerta para descubrir que allí los libros son apenas el comienzo.

Visité Medellín este fin de semana. Fue un viaje relámpago y en dos días caminamos largas horas, disfrutamos de la rapidez, limpieza y efectividad del metro para conectar los barrios, la turística comuna 13, pasamos por la plaza de Botero y su característico centro de la ciudad y por supuesto de la librería Cabina Literaria. Un lugar que nace de la idea de María Cecilia y Susana Aristizábal, quienes trabajaron juntas durante dos años, “convencidas del poder que guarda la palabra dedicada, dicha en voz alta”, como lo escribe Dayana Agudelo en la página web Fiesta del libro y cultura.

Caminamos sin afán por el barrio Laureles. Y encontramos un aviso con el menú del día. Cuando subimos las escaleras lo primero que se ve es la cabina de teléfono, roja, imponente con tres teléfonos rojos antiguos y un aviso que llama a tomarlos sin miedo: “Aquí dedicamos poemas por teléfono”.

Luego pasamos al espacio de los libros, una oferta variada, no solo de poesía sino de narrativa contemporánea. En la mesa principal están los autores de Medellín, como Gilmer Mesa, pero también de otros lugares como Noam Chomsky y Michel J. Sandel.

Después encuentras una mesa muy bien decorada con todo lo que llama la atención a los transeúntes de la Feria del Libro de Bogotá, y por lo que es imposible acercarse al stand: relicarios, monedas de la suerte, dulces cubiertos con una caja pequeña con la cara de Cortázar, sellos de bicicleta y libros, separadores de todos los tamaños, mini botellas con mensajes envueltos, sobrillas de El Principito, entre otros objetos curiosos.

Y el café. Ese espacio donde ofertan tortas, galletas y esta acompañada de un letrero que dice: “Café para el cuerpo, libros para el alma” y es que no puede ser más certera esa frase que estuvo brillando por las dos horas que disfrutamos del lugar. Yo me tomé una infusión de té que llamaron Macondo y un brownie de chocolate.

“Las librerías son refugios en la ciudad. No suenan, no huelen, no tienen luces aturdidoras, ni la presión inminente de la transacción económica. Son generosas como un jardín, son esas florecitas que nacen entre las baldosas. Hay que cuidarlas, mantenerlas vivas. Cada barrio tiene que sostener a su librería. No siempre se puede comprar un libro, pero sí tomar un café o asistir a algún evento”, argumenta la escritora Mariantuá Correa.

Y es que estos lugares, ubicados tan cerca de nuestra rutina, tienen una variedad de posibilidades, talleres para todas las edades de cerámica, escritura y manualidades, club de lectura, lanzamientos de libros, charlas con autoras y autores, entre otras actividades; hasta recorridos por diferentes librerías hacen de vez en cuando.

Así que si no sabes qué librería o qué biblioteca pública hay cerca a tu casa, te invito que camines y recorras tu sector, te vas a sorprender. En Medellín hay más de noventa librerías y en Bogotá 167; así que anímate a visitarlas, si no compras un libro, asiste a un evento o tomate un cafecito, eso ayudará a que no cierren y que podamos disfrutar de estos espacios tan tranquilos.

¡Nos estamos leyendo!

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